
Antonio Tejero
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Española
Antonio Tejero Molina nació el 30 de abril de 1932 en Alhaurín el Grande (Málaga, España). Ingresó en la Guardia Civil en 1951, tras formarse en la Academia General Militar de Zaragoza. Ascendió progresivamente: teniente en 1955 (destinado inicialmente en Manresa), capitán en 1958, comandante en 1963 y teniente coronel en 1974. Sirvió en diversos destinos en Cataluña, Galicia, Canarias, Andalucía, Extremadura y el País Vasco.
Fue el principal ejecutor visible del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 (conocido como 23-F). Al mando de unos 200 guardias civiles, irrumpió armado en el hemiciclo del Congreso de los Diputados durante la votación de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo, gritando «¡Quieto todo el mundo!» y disparando al techo. El golpe fracasó esa misma noche tras el mensaje televisado del rey Juan Carlos I condenando la sublevación.
Fue juzgado por rebelión militar, condenado a 30 años de prisión y expulsado de la Guardia Civil. Cumplió parte de la condena y obtuvo la libertad condicional en diciembre de 1996. Tras su salida de prisión, vivió discretamente, principalmente en Málaga y en sus últimos años en la Comunidad Valenciana. Mantuvo posiciones ultraconservadoras y fue considerado un símbolo para sectores de la extrema derecha nostálgica del franquismo, aunque sus apariciones públicas fueron escasas en las últimas décadas.
Falleció el 25 de febrero de 2026 en Alcira (Valencia), a los 93 años, coincidiendo con la desclasificación de documentos oficiales sobre el 23-F por parte del Gobierno español.
Obituario
Ha fallecido Antonio Tejero Molina, el teniente coronel de la Guardia Civil que se convirtió en el rostro más icónico del fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. A los 93 años, Tejero cierra una vida marcada por un acto que puso en jaque a la joven democracia española y que, sin embargo, terminó consolidándola gracias a la rápida respuesta institucional y al rechazo mayoritario, encabezado por el rey Juan Carlos I.
Hombre de convicciones firmes, forjado en el ejército y en un contexto posfranquista, Tejero representó para unos el último intento de involución autoritaria y para otros —en sectores minoritarios— un gesto de «honor» y defensa de una España tradicional. Su acción, aunque frustrada en pocas horas, dejó una huella indeleble en la historia reciente de España como el episodio más grave contra el orden constitucional de la Transición.
Deja esposa, hijos y nietos, y una figura histórica que seguirá siendo analizada y recordada en el debate sobre la consolidación democrática española. Descanse en paz.