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Fotografía conmemorativa de Eduardo Chilla (Esquelas Donostia - San Sebastián)

Eduardo Chilla (Esquelas Donostia - San Sebastián)

ArtistaFigura Pública

Eduardo Chillida Juantegui nació el 10 de enero de 1924 en San Sebastián (Donostia), donde creció en el seno de una familia vasca tradicional, cerca de la playa de La Concha, un entorno que marcaría profundamente su sensibilidad hacia el mar, el viento y el espacio. Tras iniciar estudios de arquitectura en Madrid en 1943, los abandonó en 1947 para dedicarse al dibujo y la escultura, influenciado por estancias en París y por figuras como Julio González y Pablo Picasso.

Regresó definitivamente al País Vasco en 1950, se instaló en Hernani (cerca de Donostia) con su esposa Pilar Belzunce y sus ocho hijos, y transformó su obra en hierro forjado, acero corten, hormigón y granito, explorando el vacío, la materia, el espacio negativo y la relación entre el hombre y la naturaleza. Su vínculo con San Sebastián es inseparable: la ciudad es cuna y musa de su arte, y allí se encuentran sus obras más emblemáticas y públicas, como el icónico Peine del Viento (1976-1977), tres monumentales “peines” de acero incrustados en las rocas al final de la playa de Ondarreta, que dialogan con el oleaje y el horizonte atlántico; el Monumento a Fleming en el paseo de La Concha; el Abrazo o Torso, entre otras. Chillida creó un “museo al aire libre” en su ciudad natal, donde sus esculturas integran el paisaje urbano y marítimo, fomentando el encuentro ciudadano y la reflexión.

Su legado en el arte contemporáneo es inmenso: renovó la escultura abstracta del siglo XX con un lenguaje poético y filosófico, recibió premios como el Praemium Imperiale (1991) o el Príncipe de Asturias (1987), y fundó en 2000 el Chillida Leku en Hernani, un espacio vivo de arte y naturaleza que preserva su obra. Donostia lo recuerda como su artista más universal, símbolo de identidad vasca y puente entre tradición y modernidad.

Obituario

Eduardo Chillida falleció el 19 de agosto de 2002 en su casa de San Sebastián, a los 78 años, tras padecer Alzheimer y sufrir un derrame cerebral. El mundo del arte perdió a uno de los escultores más influyentes del siglo XX, el hombre que supo esculpir el vacío y el viento, y que convirtió su ciudad natal en un referente eterno de escultura pública y diálogo con la naturaleza.

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